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¿Qué te hace feliz en este momento? ¿Qué pregunta necia, inoportuna, inadecuada y hasta incómoda es esa? ¿Cómo nos vamos a preguntar sobre nuestra felicidad en un momento en el que el mundo nos exige estar preocupados, asustados, ansiosos y estresados? Tal vez, si no sabes bien de donde viene, es lo menos oportuno que puedes hacer,pero si entendemos que se genera en el disfrute de lo cotidiano, en la utilización de nuestras fortalezas y en la comprensión de nuestro propósito, podrías terminar preguntándote por qué no me había ocupado antes en responder esa pregunta.

Te has preguntado ¿Qué te hace feliz en este momento?

 

¿Qué te hace feliz en este momento? ¿Qué pregunta necia, inoportuna, inadecuada y hasta incómoda es esa? ¿Cómo nos vamos a preguntar sobre nuestra felicidad en un momento en el que el mundo nos exige estar preocupados, asustados, ansiosos y estresados? ¿En un contexto en el que te juzgan si no ven una cara larga, el ceño fruncido y los labios apretados? Pero ¿Es realmente necio preguntarse por nuestra felicidad en estos momentos? Tal vez, si no sabes bien de dónde viene tu felicidad, es lo menos oportuno que puedes hacer, pero si entendemos que la felicidad se genera en el disfrute de lo cotidiano, en la utilización de nuestras fortalezas y en la comprensión de nuestro propósito, podrías terminar preguntándote por qué no me había ocupado antes en responder esa pregunta.

Lo que hay que ver es como la afectación de nuestra rutina nos hace valorar la de antes. Estábamos disfrutando y no nos dábamos cuenta de ello. La investigación señala que tenemos la tendencia a pensar más en lo que no tenemos que en lo que sí. Nos adaptamos a lo bueno de nuestra vida al punto de que dejamos de valorarlo y disfrutarlo. Así que estas sacudidas que nos hace el mundo nos vienen bien de vez en cuando, pues lo cotidiano recobra su inmenso valor y favorece nuestra felicidad. ¡Apuesto a que no habías valorado el hecho de no tener que hacer fila para ir a mercar! También sorprende lo mucho que ahora la gente disfruta el papel higiénico.

En cuanto a las fortalezas que nos caracterizan, su utilización nos produce algo que se llama gratificación, otra de las dimensiones de la felicidad. Es algo superior al disfrute, pues la experimentamos cada vez que hacemos aquello para lo que somos buenos. El problema es que no solemos pensar mucho en para qué somos buenos. Vamos por el mundo esperando que este nos diga qué quiere que hagamos, en lugar de decirle qué queremos hacer con él. Ahora, seguro si haces un alto en el camino, encontrarás que justo en este momento, el mundo requiere lo mejor de cada uno. Trata de trabajar un rato en lo que te hace bueno y deja de pensar solo en cómo mejorar eso en lo que eres malo. El mundo necesita más tus fortalezas que tus debilidades.

Y qué decir sobre el propósito. Tal vez que es la más poderosa de las dimensiones de la felicidad. Sin ella el disfrute colapsa y las fortalezas pierden foco. Y qué mejor momento que este para pensar en cuál es nuestro propósito. Vale decir que según los estudios los propósitos que más nos conectan son los que nos ayudan a trascender. Es decir, aquellos en los que pensamos nuestras vidas como una forma de hacer algo bueno por los demás. Y no que estén mal los propósitos de tener, de estar o de ser, solo que los de trascender son un activador más seguro a la felicidad. Así que mira un ratico hacia afuera, seguro encontrarás algo bueno que hacer por otro y de paso, tal vez, tu felicidad, si es que la tenías extraviada.

Podía hablar de crisis y cómo se manejan, en especial, en contextos de trabajo. También sobre los conceptos de resiliencia y aprendizaje, pero decidí hablar primero sobre lo importante, ya otras tantas personas han hablado de lo urgente. Pero prometo, que muy pronto les diré que nos dice la Psicología sobre las crisis y su manejo.

¿Quieres conocer prácticas para favorecer la felicidad en el trabajo? te invitamos a ver la siguiente conferencia:

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