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Llamar crisis a una situación estresante tiene un gran beneficio, el de saber que tendrá un final. Una de las principales características de las crisis es que son pasajeras. Por su puesto, lo que acabo de decir es muy obvio, pero es bueno mencionarlo porque genera una gran tranquilidad saber que eso que nos está […]

MANEJO DE CRISIS Y RESILIENCIA

Llamar crisis a una situación estresante tiene un gran beneficio, el de saber que tendrá un final. Una de las principales características de las crisis es que son pasajeras. Por su puesto, lo que acabo de decir es muy obvio, pero es bueno mencionarlo porque genera una gran tranquilidad saber que eso que nos está superando, algún día terminará. Si las personas creemos que lo estresante es estable y de duración indefinida no lo llamamos crisis, solo le damos ese nombre a algo que acabará.

Las crisis son situaciones que interrumpen el curso normal de nuestras vidas y tienen el potencial de afectar negativamente nuestro bienestar, nuestra salud y nuestra vida en general. Pero también se les reconoce por ser situaciones que permiten aprender, crecer y mejorar. Por supuesto nadie celebra la llegada de una crisis, ni siquiera, aunque estemos conscientes de que nos dejará muchos aprendizajes en el futuro. Pero ya que la tenemos aquí más nos vale saber cómo gestionarla.

Cuando una crisis está llegando normalmente lo primero que hacemos es negar o minimizar su existencia, luego, cuando empezamos a aceptar su presencia, nos desgastamos pensando cómo pudimos evitarla. Son pensamientos dirigidos a un pasado que no podemos cambiar. En ese sentido tienen poca capacidad para gestionar la crisis en sí, y solo sirven a nuestro cerebro para tratar de entender qué y por qué está pasando.

Las crisis suelen tener inicios súbitos, normalmente impredecibles o inesperados, y al tomar por sorpresa a la persona la puede hacer sentir sin recursos para responder a ella, de ahí que se genere estrés, el cual es una respuesta de nuestro organismo ante situaciones que consideramos superan nuestras capacidades para enfrentarlas.

Cuando surgen situaciones así nos sentimos amenazados y eso lleva a nuestro cerebro más racional a apartarse para permitir que el más primitivo tome las riendas del asunto y nos proteja. Ese segundo cerebro está diseñado para asegurar nuestra supervivencia, identifica y calcula la peligrosidad de la amenaza, para luego decidir si huir, esconderse o luchar. El cerebro racional es muy lento para tomar esas decisiones, así que se las dejamos al cerebro “experto” en manejo de amenazas. Eso, claro, es bueno en un inicio, pero dejarle todo el control a ese cerebro es pésimo en el largo plazo.

El cerebro más primitivo está concentrado en el aquí y en el ahora, pero del futuro sabe bien poco, así que llega un momento en el que el racional debe de nuevo tomar las riendas del asunto. La situación empieza a cambiar, cuando aceptamos la crisis como una realidad y evaluamos los recursos que tenemos para enfrentarla y buscamos los que nos hacen falta para lograrlo. Tal vez, en este punto es donde se define el efecto real que tendrá la crisis en nosotros o en la sociedad. Por eso, este es un punto clave de la gestión de la crisis, pues es donde se define si la crisis nos 1. acabará, 2. sobreviviremos, 3. resistiremos, 4. nos recuperaremos o 5. saldremos fortalecidos. El primer y el segundo escenario nos dejan mal, el tercero y cuarto nos dejan igual, bien porque resistimos la crisis o porque después de esta volvimos a estar como antes, pero el 5 es muy positivo, es el mejor de todos, pues significa que quedamos mejor de lo que estábamos antes de la crisis. A eso se le llama resiliencia.

Ahora la pregunta es ¿cómo conseguimos esa resiliencia? Para responder a eso hay que tener en cuenta que, sobre el inicio y aparición de las crisis tenemos muy poco control, pero a medida que avanza este se incrementa. En esos momentos el resultado final empieza a depender de nuestras decisiones, pero estamos en tierras peligrosas, ya que, mal manejada, una crisis nos acaba, pero bien gestionada nos deja fortalecidos. La investigación en psicología señala formas adecuadas de gestionar la crisis y lograr con eso la resiliencia, a continuación, aparece una lista de lo que se recomienda hacer desde los estudios. No es una lista completa, por supuesto, pero sí debería resultar suficiente para ayudarnos a manejar mejor lo que está sucediendo.

Recomendaciones

  • Mantén las redes de apoyo. La unión y cooperación entre las personas es una buena manera de enfrentar las crisis. Intentar hacerlo solo es tal vez la peor decisión que podamos tomar.
  • Mantén claro tu propósito. La felicidad en la vida y en el trabajo se incrementan cuando hay un propósito. Revisa el tuyo y ten en cuenta que si este tiene que ver con ayudar a los demás tendrá más efecto positivo sobre tu bienestar. Así lo demuestra la investigación científica.
  • Mira lo bueno también. La vida en general, incluso en momentos de crisis, nos ofrece noticias buenas. Céntrate solo en las malas puede hacer que pierdas el panorama completo y hacer que evalúes la situación de manera sesgada. En todo caso no te desligues de la realidad, saber que va mal también podría salvarte y a tu familia. Para hacer esto bien hay un ejercicio que debe hacer: Filtra las noticias falsas. Define las fuentes de información en las que confía y en las que no. Préstale atención solo a las creíbles y silencia, elimina y ignora las demás.
  • Revisa si ya la humanidad ha salido de otras crisis similares o peores. También si lo has hecho tú mismo. Saber que hemos sido capaces de superar crisis, nos enseña que podemos superar la actual. Creer que somos capaces es un asunto de autoeficacia y, en este caso, de autoeficacia colectiva.
  • Comparte buenas noticias. Las crisis movilizan también lo mejor de las personas. Comparte eso, no te lo guardes, puedes ayudarme mucho a otros si lo haces.
  • Haz algo bueno por alguien. La amabilidad siempre enriquecerá tu felicidad y bienestar.
  • Agradece. Eso te hace valorar lo que en ocasiones ya no ves

Si a pesar de todo esto sigues sintiendo que esto te supera, llama a alguien que sepas te va a apoyar y escuchar. Si crees que no hay quien lo haga intenta llamando a un compañero o viejo amigo te sorprenderás al ver lo dispuesta que está la mayoría de la gente a tenderte una mano.

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